Hoy no podemos hablar del
NacionalSocialismo en tanto ideología y proyecto político, como tal
ambos pertenecen a la historia. Sin embargo, dos aspectos relevantes
de su modo de ser, campean y mandan en el actual devenir del
social-ahistórico. Por un lado, la idolatría de la imagen, que es
portada por la actual máquinaria tecnólogica, logrando uno de los
cometidos finales del Nazismo: la supresión ética, el moldeo
estético y el sometimiento del idion.
Es decir, la ganancia es que no
hay representación de ello, ni complejo ideológico, ni hay manera
de visualizarlo. No hay svásticas, no hay un ser limite, ególatra,
que causa fascinación, no hay una Gestapo que de alguna manera pueda
generar rechazo y organización para la lucha. Lo que generalmente se
ve, es a uno mismo, a cada bios convertido en narciso, controlado por
una maquinaria global, que es aceptada sin mas y no genera rechazo
alguno en la masa redundante.
Narciso se ha vuelto viral. Ha
perdido la individualidad, mimetizándola con su seriación. Este
complexus es derivado y toma el otro aspecto del nazismo que hoy
subsiste: el mero vivir convertido en pura y mera negación,
autoaniquilación de todo lo que es.
Se puede ver entonces, que esta
estructuración es transversal a cualquier colonia biológica. Las
más poderosas intentan expandirse y colonizar al resto. La guerra es
su vehículo, la cual no necesita justificación: se ha convertido en
parte estética de la estructuración totalitaria.
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